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‘Vade retro’, Satanás  (o perdiendo el miedo a la traducción automática)

El Frankenstein de la traducción, el diablo en persona. Así se ve, con frecuencia, el software de traducción automática. El monstruo más temido por los lingüistas y (la aparente) gallina de los huevos de oro para otros.

 

¿El Frankenstein de la traducción?

Que quede claro, de entrada, que no nos referimos ni al traductor de Google ni a la mayoría de aplicaciones gratuitas que podemos encontrar en la red. Hablamos del software de pago que proporciona traducciones automáticas con un mínimo de calidad garantizada (especialmente entre lenguas próximas).

Se utiliza a menudo en la prensa (sobre todo en periódicos con edición bilingüe), donde prevalece la inmediatez y el ahorro de los recursos por encima de otros criterios.

Muchos traductores lo ven como un enemigo que les puede hacer sombra y que debe combatirse con vehemencia. Pero… ¿es realmente así?

 

Por qué no estamos en contra de los (buenos) traductores automáticos

Entendemos que hay proyectos (por volumen o por la imperiosa necesidad de la inmediatez) que no son fácilmente asumibles por el ser humano. Uno de ellos es el caso de las versiones bilingües de medios de comunicación escritos (tanto en papel como digitales): serían quiméricos los costes de recursos y de tiempo si en un medio de comunicación bilingüe los traductores humanos tuvieran que hacer el trabajo (y hacerlo con garantías) cuando mandan las prisas.

Es por ello que, en casos como estos (aunque podríamos citar otros), consideramos imprescindible la labor del software de traducción automática. Porque la garantía del éxito final será humana: la posedición (o corrección) del texto final. ¡Ahí radica el secreto de que la traducción automática no se perciba!

En esta posedición (siempre, siempre humana) el profesional deberá detectar los errores de la máquina, como por ejemplo las traducciones literales (que crean tanto pequeños grandes desastres lingüísticos como carcajadas) o las inadaptaciones al manual de estilo propio de la entidad, por ejemplo.

¿Puede, entonces, el traductor automático, sustituir el trabajo de los traductores humanos? No, más bien diríamos que está a su servicio: después, el profesional de la lengua revisará el resultado, lo mejorará y lo validará.

 

‘Traduttore, traditore’

No estamos aquí para hacer apología del traductor automático frente al traductor humano. No para no tirar piedras en nuestro propio tejado, sino porque estaríamos comparando dos cosas que no están en el mismo nivel.

Sí, el Deep Blue venció a Kaspárov en una partida de ajedrez. Y es verdad que algunos softwares (serios) de traducción automática proporcionan una traducción que roza la dignidad. Pero una máquina de traducción automática nunca podrá superar a un ser humano que traduce. ¿Por qué?

Porque, en la lengua, 2+2 no siempre son 4.

¿Cuál sería el resultado de traducir automáticamente los sentidos figurados, las expresiones con doble sentido, las ironías, la fraseología (frases hechas, locuciones, expresiones), los neologismos no normativos, las construcciones sintácticas complejas…? Simplemente, ¡dramático!

 

¿Trabajas con software de traducción automática?

Si sueles trabajar con software de traducción automática (catalán/español) pero necesitas profesionales con experiencia para hacer la posedición, te podemos ayudar: hemos participado en la posedición de traducción automática en la edición en papel de La Vanguardia y el diario digital ElNacional.cat. Ofrecemos este servicio en las combinaciones catalán<>español.

¡Contáctanos!

 

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